. Publicado el día 18/01/2009
4178a0 dijo: URBANISMO Y ENVEJECIMIENTO
El Movimiento Senior denuncia el trato inhumano que la sociedad consumista actual dispensa a las personas mayores dependientes, mediante su aparcamiento masivo en residencias geriátricas, constituidas como el negocio del siglo y de los viejos. Esta denuncia persigue, en primer lugar, evidenciar una situación negativa no percibida y también promover un amplio debate, capaz de generar un nuevo urbanismo adecuado para cubrir las necesidades de una sociedad envejecida. Los tres modelos urbanísticos actuales de residencias geriátricas, asilos, hospitalarios y hoteleros, no sirven y en su lugar debe plantearse un nuevo urbanismo que tenga en cuenta un planteamiento con rostro humano y no mercantilista. Esta necesidad de generar un nuevo urbanismo es la consecuencia lógica de una reflexión crítica sobre la sociedad actual.
La masacre de Gaza, pone encima de la mesa políticas de exterminio en las que se han visto involucrados, de diferente forma, los judíos. En el holocausto nazi como victimas y en Gaza como agresores. En ambos casos la reacción de la sociedad ha sido claramente contraria a dichas masacres, si bien el caso de Alemania fue conocido mayoritariamente al finalizar la II Guerra Mundial, mientras que el de Gaza lo ha sido al instante. En una economía regida por las leyes del mercado, cuya lógica podría llevar al exterminio de las personas mayores dependientes, sin recursos económicos, como un grupo parasitario, mediante la eutanasia o el suicido asistido médicamente, tal como ya se ha estudiado en Holanda y Estados Unidos, dichas masacres suponen una vacuna anti-exterminio para evitarlas.
En la actualidad la sociedad parece ignorar el negocio de los viejos, que son aparcados como simples objetos en residencias geriátricas. Este tratamiento que atenta contra los principios más básicos de la dignidad humana y que no pasa a más, gracias a la vacuna anti-exterminio, es propio de una sociedad que no está organizada para asumir el fenómeno de una sociedad envejecida, como un reto, cuya solución puede generar importantes cambios sociales, políticos y culturales. En una sociedad consumista como la actual urge recuperar cuanto antes, el ejercicio del pensamiento para superar la ceguera mental que nos impide ver todo lo qua a nosotros no nos afecta personalmente, pero si lo hace a los demás, como en este caso a los viejos.
Al margen de plantear la pregunta sobre si es compatible una sociedad envejecida con el capitalismo, cuya respuesta queda en el aire, es posible iniciar el debate sobre un nuevo urbanismo recurriendo al planteamiento clásico griego de la polis, que califica a los seres humanos como animales políticos, entendidos como ciudadanos socialmente comprometidos, que se relacionan en entornos comunitarios, en las ágoras ciudadanas. El desmembramiento de los entornos familiares que tradicionalmente han cuidado de los viejos, es el que está motivando la necesidad de este nuevo urbanismo, sobre el que existen pocas referencias, como no sea experiencias de viviendas tuteladas, del movimiento comunitario hippie y del mas reciente del cohousing, nacido en Dinamarca a finales de los años 60 y exportado a los Estados Unidos y Canadá a finales de los 80. También la manifestada por un grupo de mujeres viudas que proponen como solución, compartir una sola vivienda y dar en alquiler las otras.
Otra de las posibles soluciones, muy poco experimentada, es el modelo modular comunitario, el cual intenta recuperar los entornos familiares propios de los siglos XIX y XX, en los que convivían tres generaciones, abuelos, hijos y nietos, si bien mediante una simulación de estos vínculos familiares. Se trata de edificios modulares, para 6 o 12 personas, en forma de estrella, en los que la parte central corresponde a zonas comunitarias en un entorno que gira alrededor de la cocina y las puntas de la estrella corresponden a las habitaciones. Con estos nuevos entornos urbanísticos, se pretende dar un rostro humano a los actuales aparcamientos predominantes de modelos hoteleros, cuya contestación, por parte de las nuevas generaciones del baby boom, se estima los convertirán en obsoletos en los próximos veinte años.